
El problema es la falta de alternativa. El paro de los choferes de larga distancia disparó una situación insólita ayer en Trelew: los viajantes de otros destinos que se vieron atrapados en la terminal de ómnibus cuando comenzó a regir la medida almacenaron bronca hasta explotar y, virtualmente, terminaron por tomar el edificio. Tuvo que intervenir el municipio para calmar los ánimos aunque, claro, los enconos siguieron.
Sencillo sería caerle, con este panorama, a los trabajadores del volante. Pero además de difícil de mensurar el reparto de culpas, si así corresponde llamarlo, podría tornarse un tanto injusto. Es que, en principio, como trabajadores que son les asiste el derecho a huelga, léase paro u otro tipo de medidas. En rigor el problema que dispara una medida de este tipo por parte de los choferes es otro, bastante más profundo: en Argentina no hay alternativas de traslado para esa franja, social y económicamente hablando, que viaja en ómnibus.
Con las enormes distancias que tiene nuestro país las chances de trasladarse de una ciudad a otra se limitan a los ómnibus y los aviones o, en un caso bastante más acotado, los autos particulares. Como pocas veces ocurre –aunque ocurre por otras cuestiones también- un paro de choferes de larga distancia nos pone de cara a la cruel realidad de tener un país ideal para estar surcado por ferrocarriles que no tiene ferrocarriles.
Los ocupantes de los viajes en tren, en el mundo, son los mismos que en general se trasladan en ómnibus para medias y largas distancias por la pertenencia a niveles socioeconómicos similares: aquellos a los que les resulta muy difícil, por los valores, alcanzar el boleto de un avión y también muy caro, o imposible por no tenerlo, el automóvil. Sin apelar a la ultra modernidad de los sistemas de Alta Velocidad, la mayoría de las líneas férreas del planeta se trasladan a razón de 150/180 kilómetros por hora y poseen una enorme capacidad que supera largamente a cualquier otro transporte. Esto sin tomar en cuenta los comprobados beneficios medioambientales que no deben soslayarse en este mundo cada vez más contaminado que tenemos.
Hay, en el Senado de la Nación, un proyecto de ferrocarril transpatagónico que proyecta unir Capital Federal con Tierra del Fuego. Allí está, durmiendo el sueño de los justos desde que fue presentado en Agosto de 2012.
Una pena que nos pase lo que podríamos evitar.
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